Fa molts anys una empresa de serveis editorials de Barcelona em va encarregar un text sobre Winston Churchill (i d’altres), per a una col·lecció de perfils de grans personatges de la història que s’havia de publicar com a suplement amb el diari argentí Clarín.

Demà dissabte es compleixen 50 anys de la mort del polític britànic i he pensat que podia recuperar un fragment del text, el que se centra en la seva faceta d’escriptor i d’orador.

Never, never, never give upWinston Leonard Spencer Churchill, escritor y orador

El currículum político y militar de Winston Churchill ensombreció otras facetas en las que también destacaba. Fue un pintor competente y en 1958 protagonizó una retrospectiva en la Royal Academy. Y fue un escritor de éxito, y consiguió hacer de esta dedicación una importante fuente de ingresos. Escribió de forma continuada en los periódicos, sobre los temas más variados, desde que consiguió que el Daily Graphic le pagara por sus crónicas de la revuelta de Cuba contra España en 1895.

En 1898 publicó “The Story of the Malakand Field Force”, resumen de los partes enviados desde Afganistán de los combates de este cuerpo. Adoptó el género autobiográfico en “My African Journey” (1908), y también muchas de sus obras históricas, como los seis volúmenes de “La crisis mundial” (1923-29) o “Memorias de la Segunda Guerra Mundial“ (1948-53), son en realidad autobiografías encubiertas o justificaciones de su gestión política. Otro de sus libros más populares fue “Historia de los pueblos de habla inglesa” (4 volúmenes, 1956-58). Quería hacer la biografía de Napoleón, pero no llegó a emprender nunca la obra.

En 1953 recibió el premio Nobel de Literatura “por su maestría en la descripción histórica y biográfica así como por su brillante oratoria en la defensa de valores humanos exaltados”, decía el dictamen del jurado. En un informe previo se decía incluso que “es básicamente por su oratoria que Churchill merece el premio, pero su arte como orador está bien enmarcado por el resto de su producción”. Normalmente no se nominaban a jefes de estado, pero se hizo una excepción. Ese año competían por el premio Ernest Hemingway y Juan Ramón Jiménez, que lo conseguirían en futuras ediciones.

La oratoria de Churchill fascinaba y seducía a las audiencias. Con sus discursos como primer ministro durante la guerra convenció a la nación de la importancia histórica del momento y animó al pueblo entero a entregarlo todo por su país y por la democracia. Estas son algunas de sus frases más celebradas, pronunciadas todas ellas en 1940:

“No tengo nada más que ofreceros que sangre, trabajo, lágrimas y sudor”.

(Primer discurso como primer ministro).

“Lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, no nos rendiremos nunca”.

“Pongámonos a trabajar y asegurémonos así de que, si el Imperio Británico y la Commonwealth duran mil años, los hombres sigan diciendo: ‘esa fue su hora más admirable”

(A raíz de la caída de Francia ante el ejército alemán).

“Nunca en la historia del conflicto humano tantos han debido tanto a tan pocos”

(Después de la batalla de Inglaterra, en la que los pilotos de la RAF defendieron el espacio aéreo del ataque alemán).