Lo sospechábamos. Ahora lo sabemos

Estamos viviendo un momento histórico. Wikileaks, la plataforma creada por el australiano Julian Assange para dar a conocer en todo el mundo documentos oficiales filtrados va a cambiar para siempre no solo el periodismo, sino el mundo tal como lo conocemos. Ante el número y gravedad de hechos potencialmente constitutivos de delito que está revelando, muchos de los gobiernos y individuos afectados están —además de haciendo lo humanamente posible por cerrar la página y neutralizar a su promotor— promoviendo una campaña de desprestigio contra Wikileaks. Se ha acusado al website de no hacer periodismo, de publicar informaciones no contrastadas y de poner en peligro la vida de muchas personas. Aunque los argumentos son débiles, siempre es más fácil convencer cuando quien habla es, se supone, una voz autorizada, y por eso queremos demostrar su inconsistencia.

En la web de la organización Reporteros Sin Fronteras no encontramos una definición de periodismo, pero sí un lema que sintetiza a la perfección el cometido de esta profesión: “Si no lo contamos, no existe”. Y el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO prevé que para que una información sea periodística debe cumplir una serie de requisitos, como la veracidad y el interés publico, todos los cuales satisfacen los informes de Wikileaks.

Las informaciones que publica el website están más que contrastadas: son documentos oficiales. Es más, ninguno de sus autores ha acusado a Wikileaks de falsificarlos, sino que se ha limitado a denunciar que los haya hecho públicos. Por otro lado, gran parte de las noticias de carácter político que publican los medios tradicionales provienen de filtraciones. Es el caso del escándalo Watergate, que llevó a la dimisión de Richard Nixon. Los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward recibieron sus inputs de una fuente a la que llamaron Garganta Profunda y cuya identidad —Mark Felt, entonces director adjunto del FBI— no sería revelada hasta treinta y tres años más tarde.

En cuanto a que los datos publicados por Wikileaks hayan puesto vidas en peligro, es una afirmación que no ha podido demostrarse. Lo que sí puede cuantificarse son los millares de vidas que se han llevado por delante hechos revelados en estos informes y que, de haber sido conocidos por los ciudadanos, se habrían podido evitar.

Así que no os dejéis intoxicar por lo que los afectados por Wikileaks dicen sobre el causante de sus males. Wikileaks es información, es transparencia, es lucha contra la impunidad. Los gobiernos, al menos los democráticos, son órganos instituidos para actuar en representación del pueblo y, por tanto, para defender nuestros intereses. Deben estar sometidos a auditorías y controles o, de otro modo, caerán en la tentación de la corrupción y del uso interesado de información privilegiada. Wikileaks es una buena noticia. Wikileaks es un instrumento necesario para la democracia y debemos hacer lo posible para protegerlo.

ACTUALIZACIÓN: Algunas páginas y artículos interesantes sobre el tema:

Eskup: Los papeles del Departamento de Estado

Artículo de John Naughton en guardian.co.uk: “Live with the WikiLeakable world or shut down the net”

Artículo del propio Julian Assange en The Australian: “Don’t shoot messenger for revealing uncomfortable truths”

Evan Hansen en Wired: “Why WikiLeaks is good for America”