Una expresión latina que no significa lo que parece

Habíamos pensado titular este blog Verbavolant, así junto, para que cuando nos buscaran en internet no aparecieran por encima nuestro los cientos o miles de páginas que repiten o comentan la cita de Caio Titus: “Scripta manent, verba volant” (lo escrito permanece, lo dicho se lo lleva el viento). Ya teníamos el blog a punto de publicación cuando se nos ocurrió buscar el vocablo en Google. Nos encontramos con esto:

http://www.urbinavolant.com/verbavolant/
http://www.verbavolant.biz/
http://aliso.pntic.mec.es/agalle17/latin/verba/presentacion.html
http://www.ucm.es/BUCM/blogs/Verbavolant/
http://lostamongthecrowd.blogspot.com/
http://www.verbavolantbooks.com/
http://andresmarincejudo.blogspot.com/

Así que le cambiamos nombre. Sin embargo, nos gustó lo que leímos en la Wikipedia. La cita se reproduce habitualmente para reforzar la idea de que sólo lo escrito tiene valor, cuando al parecer (Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Random House Mondadori, 2005) el sentido original de la frase era justo el contrario: la palabra escrita está constreñida en el espacio, es rígida, mientras que la palabra hablada tiene alas, es ligera como el viento.

Escribe Román Gubern en Metamorfosis de la lectura (Anagrama, 2010) que “la secuencia expresiva del Homo sapiens, en tanto que ‘animal simbólico’ —como lo designó Cassirer—, fue la de Homo loquens (hace unos 200.000 años), Homo pictor (hace unos 35.000 años, fecha de las imágenes de la cueva de Chauvet, en Francia) y finalmente Homo scriptor (hace unos 6.000 años)”. Es decir, que aprendimos a hablar mucho antes que a escribir. Actualmente, sin embargo, la palabra escrita goza de mayor prestigio.

Huelga decir (de hecho, ya lo dijimos en nuestro primer post, Nos gustan las palabras) que a nosotros nos gustan ambas palabras: las que trazan una forma sobre una superficie, ya sea manual o mecánicamente, y las que emitimos con nuestro sistema fonador. Quizá haya casos en que no sea así, pero generalmente un buen libro sigue siéndolo al leerlo en voz alta, igual que una rapsodia o una canción conservan su belleza al ser transcritas.